15 de Marzo de 2018
París, Le Marais.
Estoy en nuestro barrio de hace un año. En el 29 rue des Francs bourgeois y el “As del falafel el mejor falafel de París”. En la misma época, marzo, ¡cuánto ha pasado! Hugo ha ido a buscar algo en algún lado que huele a regalo. Tan bonito. Yo me he quedado en la terraza de la librería. Este té está buenísimo. La mesa está coja pero debajo de la estufa se está bien. Ha llovido de repente y ya ha parado. Está llegando la primavera con su lluvia romántica y su París gris y ruidoso. A veces delicado, frenético, bello, o monstruoso. Con todos sus turistas y sus vagabundos, imaginarse a La Maga y a Horacio entre todos los hombre ricos, los enfadados, las habitaciones en el tejado, el glamour insípido en vitrinas antisépticas, la pobreza mojada, los camareros en doble turno y los estudiantes, tirando de padres, de becas, del “crowfounding”...
Y nosotros los artistas de circo, tan como el viento, tan de un lado a otro, saltandonos estaciones, de soles que no calientan igual, a nubes que llueven diferente. Entre los andenes y su multitud, la multitud y las escaleras mecánicas que llevan al cielo del Café de la gare. El chirrido agudo de los trenes y las ruedas de las maletas que hacen cra-cra-cra. El humor de los taxistas y las ganas de hacer pipí. No perder la cabeza, ni la maleta ni nada. Recorriendonos el mapa sin norte ni sur. Haciendo caso al Principito, ya que caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos.
Y en dos días 17 de marzo y 27 años. Cifras carismáticas, gustos extraños. El tiempo pasa deprisa, y en este instante, ¡qué placer volver a escribir, volver a encontrarse! Dejar fluir de dentro a fuera, íntimamente. Me doy cuenta de todas las riquezas, que a veces se esconden detrás de los miedos o las exigencias. Y qué sé yo, es como si la levedad empezara a desampararse de uno y la vida adulta sea muy seria y el calendario esté muy apretado.
Pero sumergirse no es menos divertido. Reconectarse para adentro sigue siendo infinito. Es una cabaña en el bosque, es el mundo abisal.
Y las luces perduran, como perduran los tesoros en el fondo del mar.
La escritura deja entrever todo esto. Me gusta este nuevo año que empieza con escritura.